Ya se
callaron las campanas
Sólo oigo las voces de la espera
escondida entre las cuerdas del reloj
Ya no oigo el zumbido de la abeja
que buscaba el néctar de aquella flor
Sólo oigo el crepitar del cigarrillo
que se consume lentamente
entre los dedos ansiosos
Ya se callaron los sonidos
de la guitarra aparcada en el dolor
Sólo oigo la serenata
de mi cuerpo danzando entre
los poros de tus manos
Ya no escucho el sonido de los grillos
en los campos solitarios
Sólo oigo el murmullo
de mis palabras entre
las amapolas de tu pecho
Ya se callaron los búhos
en las noches solitarias
Sólo oigo el latido de tu corazón
entre las plumas de mi almohada.
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